Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis meses de mi ultimo post. Bueno, casi seis meses. Todavía faltan unos días para hacerlos oficiales. La verdad que extrañe escribir. Sentía que algo me faltaba y hace unas semanas empecé a darme cuenta de mi ausencia por estos pagos.
La mudanza y las nuevas responsabilidades me tuvieron bastante ocupado como para encontrar el momento de expresarme. Creo que por eso pare con este pasatiempo que tanto me gusta. En fin, ya estoy de vuelta y me pone contento.
El departamento me encanta, cada rincón, cada cerámico, todo, aunque la habitación se lleva todos los premios. Tal vez porque es el lugar mas nuestro, fue al que mas dedicación le pusimos. Quedo soñada, desde la pintura hasta los muebles, desde la luz hasta el placard.
Ese placard que tanto nos costo acomodar. Ese espacio en el que solo ocupo el 20%. Si señores, vivir con una mujer hace que tu ropa ocupe el estante de arriba. El que mide un metro y queda aislado jajaja. Las cosas que uno hace para que la ropa entre pueden llegar a ser bastante cómicas, sobre todo cuando tu novia no deja de agregar zapatos.
Lo disfruto mucho, disfruto esos momentos y me divierto con ella. Nos reímos cada vez que podemos, nos ayudamos muchísimo y mantenemos el hogar lo mejor que podemos. Nos gusta que la casa sea nuestra y no Kosovo.
En algún momento lo fue, sobre todo las primeras semanas. Cuando no teníamos la cama, dormíamos en el sillón. Y cuando la tuvimos, dormimos en el living hasta que la habitación estuvo lista. Sacrificios que uno hace para ir construyendo su lugar en el mundo, ese lugar que acompañado no lo cambio por nada.
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