Falta poco, casi nada, ya están todos los papeles en la inmobiliaria y mi mudanza solo depende de un inventario y una firma. Qué momento ¿no? Yo que pensaba estar tranquilo con la idea, que creía no tener miedo o, por lo menos, mantener la calma hasta que se haga realidad. Me olvide que ya es real desde el momento en que lo decidís. Que podes esperar a estar seguro para enloquecer pero muy en el fondo, ya te estás volviendo loco.
Muchas cosas se me pasaron por la cabeza, ir más despacio, pensar todo muy bien, analizar, hacer cálculos, pensar y pensar. Hasta que me hicieron dar cuenta, hasta que pude verlo con claridad. Irse de la casa de los viejos para empezar a construir la tuya no es de esas cosas que se tienen que pensar demasiado. Si lo pensas, no lo haces. Si perdes mucho tiempo esperando te gana el miedo, entras en pánico y dudas de todo.
Por suerte, Sara siempre me ayuda a darme cuenta. Me acompaña y me obliga a abrir los ojos. Ahora viene la parte de enfrentar todos los miedos, de jugármela por lo que quiero y hacer lo que siempre sentí que debía hacer. ¿Qué puede salir mal? Todo, pero no me voy a quedar esperando que eso pase. Voy a intentarlo y a aprender a solucionar cada problema que surja en el camino.
Prometo mantenerlos al tanto, además anécdotas sobre la mudanza seguramente sobren.
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